Sonrisa gingival: cuándo es un problema de hueso

La sonrisa gingival tiene cuatro causas que se parecen y no se tratan igual. Por qué el bótox, el hialurónico o la gingivectomía no bastan cuando el problema es el hueso, cómo se diagnostica y cómo se corrige.

Comparación en blanco y negro de una sonrisa antes y después del tratamiento de la sonrisa gingival, recortada a la boca: antes se ve una franja ancha de encía sobre dientes cortos con brackets; después la encía apenas se ve.

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En pocas palabras: la sonrisa gingival (enseñar demasiada encía al sonreír) es un síntoma con cuatro causas posibles: encía que cubre el diente de más, un labio que sube demasiado o es corto, dientes que han crecido hacia abajo junto con su hueso, o un maxilar más largo de lo que corresponde. Cuando el origen está en el hueso, ni el bótox, ni el ácido hialurónico ni la gingivectomía lo corrigen: el tratamiento es subir el maxilar con cirugía ortognática. Por eso, antes de cualquier tratamiento, hace falta un diagnóstico.

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Vemos con frecuencia a pacientes que llevan años tratando su sonrisa gingival. Bótox cada pocos meses, ácido hialurónico en el labio, una gingivectomía. Y la encía sigue ahí.

No es mala suerte. Es un diagnóstico equivocado. La sonrisa gingival es un síntoma, no un diagnóstico, y cada causa tiene su tratamiento. Cuando el origen está en el hueso, ningún tratamiento sobre la encía o el labio lo va a corregir.

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Comparación en blanco y negro de la misma sonrisa antes y después del tratamiento: antes se ve una franja ancha de encía sobre unos dientes cortos con brackets; después la encía apenas se ve y los dientes se ven enteros.
Antes y después en un paciente de ARQÉA. Las imágenes están recortadas a la sonrisa para proteger su identidad.

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Cuatro causas que se parecen y no se tratan igual

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Al sonreír, la cantidad de encía que enseñamos depende de tres estructuras: el diente, el labio y el hueso que los sostiene. Si falla una, el resultado visible es el mismo (Garber y Salama, 1996). El tratamiento, no.

  • Erupción pasiva alterada. La encía no se ha retirado del todo sobre el diente durante el desarrollo. Los dientes parecen cortos y cuadrados, y el exceso es de encía. Aquí sí está indicada la cirugía periodontal.
  • Labio hipermóvil o corto. El labio superior sube más de lo habitual al sonreír, o es corto en reposo. El problema es muscular o de partes blandas, y la toxina botulínica tiene aquí su lugar.
  • Extrusión dentoalveolar. Los dientes anteriores y su hueso alveolar han crecido hacia abajo, a menudo con una sobremordida profunda. Suele requerir ortodoncia.
  • Exceso vertical del maxilar. El maxilar entero es más largo de lo que corresponde. El labio y la encía están bien; están colocados sobre un hueso que sobra. Es un problema esquelético.

Lo habitual es que convivan varias. Por eso el diagnóstico tiene que separar cuánto aporta cada una antes de proponer nada.

La combinación que más confusión genera es la de erupción pasiva alterada y exceso vertical del maxilar. No son la misma cosa: una es un problema de la encía sobre el diente, la otra es un problema del hueso. Pero pueden darse a la vez, y entonces cada una suma su parte de encía visible. Si sólo se trata la encía, el exceso óseo sigue ahí. Si sólo se sube el maxilar, los dientes pueden seguir pareciendo cortos y la encía, todavía, demasiado presente. En esos casos planificamos los dos tiempos, y el orden no es casual: primero lo menos preciso, después lo más fino. La cirugía del hueso trabaja en milímetros; la cirugía de la encía y del diente permite ajustes mucho más finos. Por eso la encía se ajusta al final, sobre la posición definitiva del maxilar.

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Por qué el bótox, el hialurónico y la gingivectomía no bastan

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No son malos tratamientos. Son tratamientos para otras causas.

La toxina botulínica debilita los músculos que elevan el labio. Si el problema es un labio que sube demasiado, funciona mientras dura su efecto, y después hay que repetirla (Polo, 2008). Si el problema es que el maxilar es largo, el labio puede subir menos, pero la cara sigue siendo larga. Además, un labio que apenas se mueve cambia la sonrisa entera, no sólo la encía.

El ácido hialurónico en el labio intenta alargarlo o frenar su recorrido. Añade volumen a una estructura que no es la que sobra.

La gingivectomía recorta encía y alarga el diente visible. Cuando hay erupción pasiva alterada, es el tratamiento correcto. Cuando el exceso es óseo, la encía no sobra: está donde debe estar sobre un hueso que no. Recortarla tiene un límite biológico, porque no se puede exponer la raíz del diente.

El patrón que vemos es siempre el mismo: tratamientos razonables aplicados sin diagnóstico. El paciente no ha fracasado. Ha recibido la respuesta a otra pregunta.

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Cómo sabemos de dónde viene

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El diagnóstico no se hace mirando la sonrisa. Se hace midiendo lo que hay detrás.

  1. En reposo. Cuánto diente enseñamos con el labio relajado y cuánto mide el labio superior. Un labio de longitud normal que deja ver demasiado diente apunta al hueso.
  2. En sonrisa. Cuánto sube el labio respecto a su posición de reposo. Si sube mucho más de lo habitual, hay un componente muscular.
  3. El diente. La proporción entre largo y ancho de la corona. Dientes cortos y cuadrados sugieren que la encía los cubre en exceso.
  4. La cara entera. La altura del tercio inferior, la posición del mentón, el cierre de los labios. Un exceso vertical del maxilar rara vez se limita a la sonrisa.
  5. El TAC. Confirma la posición real del maxilar y de las raíces, y es la base de la planificación virtual previa si la cirugía está indicada.

Con estos datos sabemos qué parte del problema es encía, qué parte es labio y qué parte es hueso (Dym y Pierre, 2020). Y el tratamiento se decide por ese reparto, no por la queja.

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Cuando es hueso: subir el maxilar

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Si el exceso es esquelético, el tratamiento es reposicionar el hueso. Hablamos de una osteotomía Le Fort I con impactación: separamos el maxilar y lo recolocamos más arriba, de modo que el labio, que no ha cambiado, cubra ahora la encía que antes enseñaba.

Esto no se improvisa en quirófano. Con el TAC y los registros faciales hacemos una planificación virtual previa y diseñamos guías a medida, de forma que la cirugía ejecuta un plan ya decidido.

Aquí es donde trabajamos con nuestro enfoque de cirugía ortognática mínimamente invasiva (MIOS): abordaje exclusivamente intraoral, sin cicatrices visibles, y el menor despegamiento posible de partes blandas. El objetivo es el mismo que el de la ortognática convencional. Cambia la agresión necesaria para conseguirlo.

Subir el maxilar no actúa sólo sobre la sonrisa. Al acortar la altura del tercio inferior, la mandíbula rota y el mentón cambia de posición. A veces eso mejora el cierre labial y el perfil; otras veces hay que planificar también el mentón. Por eso lo estudiamos como un problema de la cara entera, no de la encía.

Hay un caso particular: el del labio superior largo. La cirugía ortognática corrige la parte ósea, pero no cambia la longitud del labio. Al subir el maxilar, un labio largo puede cubrir más diente del que debería en reposo. En esos pacientes, a veces es necesario un segundo tiempo sobre las partes blandas, una cirugía de acortamiento labial, para devolver al labio sus dimensiones correctas. La hacemos pasado un tiempo tras la ortognática, cuando el hueso y los tejidos se han estabilizado y podemos medir el labio sobre su nueva base.

No todas las sonrisas gingivales de origen óseo necesitan cirugía. Si el exceso es leve y al paciente no le molesta, la opción más honesta puede ser no hacer nada. Y cuando conviven varias causas, la cirugía resuelve la parte ósea; la encía o el labio pueden necesitar su propio tratamiento.

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Antes del siguiente tratamiento, un diagnóstico

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Si llevas tiempo tratando tu sonrisa gingival sin resultado, lo útil no es probar algo más. Es averiguar de dónde viene.

A veces la respuesta será la encía, y el tratamiento será sencillo. A veces será el labio. Y a veces será el hueso, y entonces conviene saberlo antes de seguir invirtiendo en soluciones que no pueden llegar a él.

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Preguntas frecuentes

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¿Qué es la sonrisa gingival?

Es enseñar más encía de la habitual al sonreír. No es un diagnóstico, sino un síntoma con cuatro causas posibles: erupción pasiva alterada, labio hipermóvil o corto, extrusión dentoalveolar y exceso vertical del maxilar. A menudo conviven varias.

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¿El bótox quita la sonrisa gingival?

Cuando la causa es un labio que sube demasiado al sonreír, la toxina botulínica la reduce mientras dura su efecto, y después hay que repetirla. Cuando la causa es un maxilar demasiado largo, no la corrige: el labio sube menos, pero la cara sigue siendo larga.

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¿Se puede corregir la sonrisa gingival sin cirugía?

Depende de la causa. Un labio hipermóvil se trata con toxina botulínica y la extrusión dentoalveolar suele requerir ortodoncia. La erupción pasiva alterada se corrige con cirugía periodontal, sobre la encía. El exceso vertical del maxilar sólo se corrige moviendo el hueso; si es leve y no te molesta, la opción más honesta puede ser no hacer nada.

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¿Cómo sé si mi sonrisa gingival es de origen óseo?

Una pista es que, con el labio relajado y de longitud normal, se vea demasiado diente, y que el tercio inferior de la cara sea alto. Se confirma midiendo en reposo y en sonrisa, valorando la cara entera y con un TAC, que muestra la posición real del maxilar y de las raíces.

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¿Qué cirugía corrige la sonrisa gingival de origen óseo?

Una osteotomía Le Fort I con impactación: se separa el maxilar y se recoloca más arriba, para que el labio cubra la encía que antes se veía. Se planifica de forma virtual con el TAC y se hace con guías a medida, por dentro de la boca y sin cicatrices visibles.

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¿Cuánto cuesta corregir la sonrisa gingival con cirugía?

En ARQÉA, la cirugía del maxilar superior (monomaxilar) cuesta 6.500 € y la bimaxilar, 12.000 €, con la anestesia y el centro quirúrgico incluidos. Si después hace falta acortar el labio, el lip lift cuesta 2.500 €. El precio final se da en consulta.

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¿Hace falta operar también el labio?

Sólo en algunos casos. La cirugía ortognática no cambia la longitud del labio, y si el labio superior es largo puede cubrir más diente del que debería tras subir el maxilar. Entonces se plantea un segundo tiempo de acortamiento labial, pasado un tiempo, cuando el hueso y los tejidos se han estabilizado.

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¿Cuánto dura la recuperación de la cirugía ortognática?

La baja habitual es de 3 a 4 semanas, y algo más si tu trabajo es muy físico o depende de tu imagen. Caminar y hablar, desde el primer día; el ejercicio intenso, no antes de 4 semanas. Las primeras semanas la dieta es triturada.

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Referencias

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Como siempre decimos, este artículo tiene carácter informativo y no sustituye a una evaluación médica individual. De dónde viene tu sonrisa gingival se decide en la consulta, midiendo lo que hay detrás.

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